DILOOP (V 5.0)

Historias de la puta mili. Primera y final.

Posted in derechos_torcidos, navel by piezas on 1 junio 2010

Mil novecientos ochenta, la estufa que no calienta ni a Dios, el bigote de don Ramón y gloriosos signos pesados. Abrigados.

A críos de diecisiete años nos colocaban una pistola 9 parabellum, dos cargadores repletos, una porra jashondona, un casco anti-jashondón y ¡hala! a apatrullar la ciudá. Guardias de ocho de la mañana a ocho de la noche; había que levantarse a las seis para llegar al puesto de guardia, recoger pico y pala y recibir instrucciones confidenciales sobre el recorrido del día y los mandos a los que se debía la novedad.

Yo, cabo (para optione son muchos años de servicio los que quedaban). Mi compañero de guardia, “mandao”.

Nueve de la mañana o por ahí. El portero de una finca que estábamos vigilando se acerca a nosotros y nos dice que ha visto a dos chicos metiendo sus narices en un coche con matrícula francesa aparcado frente al portal, que han sacado unas maletas y que se las han llevado tan-panchos-en-aquella-dirección. Total, que emprendemos aquella-dirección pese a que no prestamos servicio de policía civil y no tenemos ni la más remota idea de protocolos y esas pequeñas naderías sin importancia.

Al fondo de una calle muy estrecha de esas que hay en la zona antigua de Salamanca avistamos a los pardales. Echamos a correr y gritamos un “alto” no muy convincente. En lo alto de un andamio unos peones andan a cascotazos con la fachada de un edificio de piedra. Los chorizuelos corren también, así que apretamos el paso estimulados por los zapatos, que apretaban a su vez un dolor.

Oigo un clic metálico: mi compañero ha desenfundado la pistola, la ha armado y ha quitado los seguros.

—¿Pero qué hostias haces?— le digo con no poco susto.

—¡Corre, que se escapan!—, responde.

—¡Me cagüen Dios, tío, guarda eso!— le espeto. A todo esto la visión de los peones del andamio debe ser el cañón de un arma balanceándose hacia ellos hora sí, hora hacia el otro lado de la calle…

—¡Quiá!— era rural, simplemente rural… —¡vete a saber si van armados o qué llevan!.

—¡No me jodas tío, guarda eso pero-ya o te paso por las armas aquí mismito!— fue lo que no me atreví a decirle (¡cabo! ¡lló!…) y creo que ni a pensar.

Diecisiete añitos.

Insisto.

Hoy Israel dice que vale, que eran aguas internacionales, pero que no sabía qué llevaban en los barcos.

Asco de mundo, se los digo en serio.

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Una respuesta

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  1. Fet E. Stinks said, on 1 junio 2010 at 10:38 pm

    Pues estos rurales no sé, pero híosputa un rato oiga.


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