Diálogo apócrifo
Nota previa: pronunciese “mama” y “mamá” mentalmente tal y como está escrito en cada caso.
—¡No hija, ni hablar! ¡Cuando sea tu obligación, y sólo entonces!
—Hombre mama, bromeaba…
—Hija, ni en broma. De ti nadie dirá que eres una puta o muero en el empeño.
—No, mama, no lo dirán.
—De momento tu educación me corresponde. Soy responsable hasta que llegue tu día, cuando estés preparada para hacer feliz al hombre que te protegerá a ti y a mis nietos.
—Sí, mama, te lo prometo.
—¡Serás el más hermoso crisol de su simiente!, habrá quien sepa admirarlo y quien no sepa sino envidiarte. Hija, te lo debo.
—Mama, te haré sentir orgullosa.
* * *
—Mama… hoy me ha dado una bofetada…
—¿Qué has hecho, hija?
—Nada mamá… sólo quemé un poco el pan del desayuno…
—Hija, ¿qué ocurrió anoche?
—Nada, mamá, no ocurrió nada.
—¿Cumpliste con tu marido?
—Sí, mama… yo también quería cumplir…
—…te mostraste más entusiasmada…
—Mama, sí…
—¡Hija de mis carnes! Cuanta juventud todavía en tus venas. Comprenderás cómo complacer a tu marido para que no sospeche que eres sucia o vulgar, es sólo cuestión de tiempo; es tu experiencia vivida en mí, somos la misma cosa. Hija mía, mi niña. Pronto habrá felicidad en vuestra casa cuando traigas al mundo a sus hijos. Cuando todo lo que él te está enseñando para bien tuyo y de los que están por venir tengas tú que transmitirlo. Porque él te defiende hija mía. Te pone a salvo del mundo, te enseña cómo comportarte para que nada te haga daño y por ello puedes estar segura de que defenderá a su prole de todas las amenazas, de todos los males. Es un buen hombre, hija… como tu padre.
—Sí, mamá, es culpa mía.
—Ya aprenderás, hija.
—Sí, mamá, aprenderé.
* * *
IN MEMORIAM: una hermosa criatura que aún no aprendió a sonreír, se retorció de madrugada y hendió el silencio con su vagido. Esa mañana él acudió al trabajo malhumorado por la falta de sueño y a mediodía ella dejaba pegar ligeramente un puñado de lentejas al fondo de la cazuela a causa de que su pequeño volvía a tener retortijones. De vuelta hambriento a casa, él aplastó la cabeza de ella con el mismo cazo levemente quemado y, como es un hombre que reconoce las amenazas que hay agazapadas ahí fuera, llegó a la conclusión de que sin madre el pequeño sólo tenía por delante sufrimiento. Así que tapó la cara del bebé con la almohada hasta que cesaron los retortijones. De lo que hizo después no damos crónica porque no merece aparecer en la historia, apócrifa o no.
Obama obtiene su primer éxito en la reforma sanitaria
No me gusta el cariz que está tomando la sanidad pública en los últimos años. Basta con ver el lenguaje que utilizan los políticos. Antes a los enfermos les llamaban pacientes, luego usuarios y ahora frecuentadores. Lo próximo será llamarles parásitos. Es una filosofía del lenguaje que desvirtúa totalmente lo que es la esencia del sistema, el concepto de servicio público. Con el término frecuentador ya va implícito que el ciudadano es un abusador, que se aprovecha del sistema.
A veces tengo la sensación de que España sufre una especie de síndrome de nuevo rico, en el que el bienestar material nos ha hecho olvidar la esencia y la importancia de lo que tenemos. Hay tres cosas que son pilares fundamentales e irrenunciables de nuestra sociedad: la sanidad, la educación y el sistema de pensiones. La garantía de que, nazcas en la Moraleja o en el barrio más deprimido de la ciudad más pobre, te van a educar de niño, te van a cuidar cuando estés enfermo y vas a tener un mínimo de ingresos cuando seas mayor. Tú harás lo que quieras con tu vida. Querrás ser rico o hacer lo que te gusta y no tener un duro. Tendrás más o menos suerte. Heredarás un palacio o una caja de zapatos. Pero, pase lo que pase, que nunca sabes lo que puede ser, hay un mínimo que tú y los que te rodean tienen garantizado.
El otro modelo es Estados Unidos, donde tú, madre de familia de una familia trabajadora, te levantas una mañana y te encuentras un bulto en el pecho. Vas al médico y te dice que sí, que tienes un nódulo. La consulta vale 125 dólares. Te explica que seguramente es un quiste sin importancia, pero que para estar tranquilos lo mejor es hacerte una mamografía, que vale 500 o 600 dólares. Si éste tiene signos de calcificación, que son el 80 por ciento, hay que tomarte una muestra de los tejidos para mandarla a Anatomía Patológica, 1.500 dólares. Si es un infiltrante, hay que ampliar la cirugía para limpiar la axila, 10.000 más. Lo mejor es hacer unas sesiones de quimioterapia para quedarnos más tranquilos, por si algún ganglio también está afectado; 50.000 dólares más. Te ha quedado una cicatriz horrorosa, pero ni te planteas la mínima reconstrucción porque te saldría por otros 60.000 dólares.
El médico saca la calculadora y empieza a sumar: 100.000 dólares. Te pregunta: ¿Usted cuánto puede pagar? ¿Tiene seguro médico? Contestas que claro que tienes uno. Vas a la mutua a ver qué te cubre. Tenías un seguro muy bueno que pagaba la empresa, pero hace ocho años que los jefes dijeron que con la última crisis ya no podía seguir haciendo frente a ese coste. Pero que no te preocuparas que te iban a subir el sueldo para que te pagaras uno. En la empresa de tu marido pasó lo mismo. Un seguro igual que el que pagaba la empresa para los dos y los tres niños salía por 1.800 dólares al mes. Lo contratasteis, pero cinco años después ya valía 2.400 dólares. Además el mayor empezó la universidad, había que pagar la matrícula, que vale 18.000 dólares, y os quedasteis con otro seguro un poco peor, pero que costaba la mitad.
En la mutua resulta que no habías avisado de que tenías antecedentes familiares, o de que sufres una especie extraña de tumor, y sólo te cubre hasta la mamografía. Faltan por pagar 98.000 dólares. ¿Qué hacemos?, le preguntas a tu marido. Echáis mano de los ahorros, pero no llega. Al niño no lo podemos sacar de la facultad, y la mediana empieza el año que viene. Bueno, no pasa nada, hipotecamos la casa y en un par o tres de años nos recuperamos. Además a tu marido le ascienden y tú puedes trabajar los fines de semana.
Habéis decidido que esto no os puede volver a pasar y queréis contratar un seguro bueno de verdad. ¿Un seguro para toda la familia? Muy bien, te dice la comercial de la aseguradora. Te empieza a preguntar cosas. ¿Alguno de vosotros ha tenido cáncer en los últimos cinco años? ¡Huy!, te dice al ver tu cara. Lo siento, no te podemos ayudar. Vas a todas las compañías y con tus antecedentes ninguna os asegura a todos por menos de 7.000 dólares al mes. No puede ser, te dices. La única solución es que a ellos, que sí les aceptan, tengan el seguro bueno y yo me quedo con el que tenía.
Te pasas un año con ansiedad, pero al final parece que todo empieza a ir mejor y ya pensáis en liquidar parte de la hipoteca. Incluso en ahorrar para hacer la cirugía reparadora del pecho. Pero una mañana, dos años después y al salir de la ducha, al lado de la cicatriz que aún no soportas mirar, notas un bulto en el otro pecho. Vuelta a empezar, pero todo mucho más caro, porque ahora hay que hacer muchas más sesiones de quimio. Ya no puedes pagar la universidad de los niños y no se puede rehipotecar la casa. Hay que venderla, comprar otra mucho más barata y con lo que te sobra pagar el tratamiento. Vuelves a tener ansiedad. Te mata la culpabilidad por no poder pagar una buena educación a los niños. Y a tu marido no le gusta el nuevo barrio. De hecho, a ti tampoco. Empiezan las peleas, los reproches. Caes en una depresión…
Sólo en el hospital de Leganés cada año atendemos entre 50 y 100 mujeres como ésta. Entre 50 y 100 familias que en Estados Unidos van a la ruina o viven esta pesadilla. Aquí, con todos los problemas que tienen nuestros hospitales, esta misma familia sólo tiene que preocuparse de dar todo el cariño y el apoyo a la mujer. Y ella en cuidarse y restablecerse lo antes posible.
Yo no puedo pensar en otra cosa que no sea la equidad y la universalidad de la sanidad pública. Los que creemos en ella la queremos porque nos parece lo más justo. Es la gran contribución que Europa ha hecho y para comprobarlo sólo hay que mirar las vueltas que están dando en Estados Unidos desde hace años para conseguir un seguro de salud universal.
En España, como en tantas otras cosas, desarrollamos tarde un sistema público solvente y eficaz. Y ahora que lo tenemos me parece una gravísima irresponsabilidad ponerlo en peligro. Porque eso es lo que se está haciendo con muchas de las medidas adoptadas en los últimos años.
Para fortalecer la sanidad pública sólo hay que hacer dos cosas: gestionar bien y planificar mejor. Gestionar y planificar. Sólo hay que hacer estas dos cosas, pero hay que seguirlas a rajatabla y al que se mueva un milímetro de la línea le destituimos o le metemos en la cárcel. Hay que gestionar y planificar bien para garantizar la sostenibilidad del sistema, porque nos la estamos jugando, estamos a punto de entrar en un proceso que va a ser irreversible y luego miraremos atrás y soñaremos con volver a donde estamos ahora.
En la Comunidad de Madrid, que es la que más conozco, se está planificando y gestionando fatal. En la gestión, en lugar de buscar y desarrollar nuevas y mejores herramientas, se está tirando hacia una privatización que es una estocada contra la sanidad pública.
Es verdad que la sanidad pública tiende a ser lenta y que en ocasiones crea bolsas de ineficacia, pero es responsabilidad de los políticos desarrollar e invertir en soluciones. En cambio, el Gobierno de Esperanza Aguirre se está aprovechando de ello para justificar la privatización.
El sector privado, dice Esperanza Aguirre, es más eficaz que el público. Si ella lo cree, y seguro que es verdad en algunos aspectos, la solución no es privatizar, sino aprenderlo y adaptarlo. Las herramientas de gestión pueden ser utilizadas por todos, no son un patrimonio del sector privado. Es su obligación, como presidenta que ha sido elegida para gestionar un bien común, ver el margen de mejora que hay en cada nivel de su administración y aplicar en todos ellos las herramientas de gestión adecuadas.
En lugar de eso Aguirre dice que, si le da a una empresa el mismo dinero o menos que le cuesta un hospital público, ésta le prestará una atención médica de la misma calidad. Y que si luego la empresa saca un 15 o un 20 por ciento de beneficio, es un premio a su buena gestión. Y en lugar de dimitir Aguirre se queda tan ancha. Porque, si esto es verdad y ella gestiona tan mal y no hace nada para remediarlo, lo primero que tendría que hacer es dimitir.
El gran riesgo de este cuento de la lechera es que debilitamos el sistema en su conjunto. Sacamos grandes cantidades de recursos de lo público para desarrollar una industria sanitaria privada que se nos acabará comiendo. Lo que Aguirre dice que es la solución para garantizar la sostenibilidad del sistema acabará siendo su verdugo.
Gestionar 30 hospitales públicos, cada uno con sus problemas, es muy complejo. Hacer frente a esos mismos 30 hospitales, cada uno gestionado por una empresa con contratos de 20, 30 o 40 años de vigencia es totalmente imposible. En este modelo de privatización hacia el que va el PP te tienen cogido, has renunciado al poder que te da la política para intervenir el sistema y quedas en sus manos.
Es un tema complejo, pero intentaré resumir algunos escenarios que pueden derivar de este modelo en los siguientes ejemplos.
Primera opción: los gastos han subido y un gerente te dice que no le pagas lo suficiente y que no saca su 15 o 20 por ciento. Tú le dices que el contrato ya está firmado y que es lo que hay. El hospital se declara en quiebra y tú, Gobierno, en medio de un monumental escándalo porque 300.000 personas están a punto de quedarse sin hospital, tienes que intervenir y aportar una millonada para ponerlo todo en orden. Cuando hay pérdidas, para el Gobierno, o sea, los ciudadanos.
Segunda opción: los gastos bajan. Si propones que le vas a pagar menos. El gerente te dice que ni hablar. Tiene mil formas de convencerte. Una es el contrato firmado y los buenísimos abogados que tiene. Otra es decirte que estás equivocado, que en realidad los gastos no han bajado: te presenta unos balances de gastos y gestión cuyos datos reales sólo ellos conocen; tienes mil problemas en esta legislatura, no quieres uno más y lo aceptas. La tercera forma de convencerte es contratando a una empresa de relaciones públicas que diga a todos tus votantes que estás recortando el dinero de su salud. La cuarta, que mires la primera opción. Segunda trampa: cuando hay beneficios, para le empresa. Cuando hay muchos beneficios, también.
Tercera opción: los gastos se mantienen y todo funciona con aparente normalidad. Han pasado 10 años y eres el nuevo consejero de Sanidad. Has visto que la población y la medicina han cambiado. En otros países se han desarrollado nuevas fórmulas que mejoran la calidad de la asistencia y ahorran costes. Crees que hay mil formas de mejorar la asistencia que reciben los ciudadanos,. Buscas un funcionario experto para desarrollar un plan para poner en marcha todo esto y beneficiar a la población. No lo encuentras: hace tiempo que el último se fue al potente sector privado que cada año crece en ingresos. Allí tiene muchas más oportunidades que en un sector público que, con todos los hospitales privatizados, se ha quedado reducido a poco más que un grupo de contables que pagan las facturas. No te desanimas y contratas una empresa externa que desarrolle el plan. Te gusta cómo ha quedado y te reúnes con los 30 gerentes de los hospitales privados para exponérselo. Te escuchan con mucha atención. Te dicen que la idea es buena, pero que es muy complicado. También es caro. Y va a ser muy lento. Tú sabes que no, que es sencillo, barato y rápido de aplicar. Lo intentas demostrar. Ellos no se dejan convencer. Estás solo frente a 30 gerentes de potentes empresas. Si te pones muy agresivo, te dicen que mires las dos primeras opciones. Eres tú quien pagas, pero nada más. Te has convertido en rehén de un monstruo que tú mismo has creado. Empiezas a pensar que quizá no fue tan buena idea privatizar los hospitales. Tercera trampa: en el mejor de los casos las empresas tienen beneficios asegurados a costa de un sistema sanitario que se queda anticuado y sobre el que el Gobierno ha perdido todo margen de maniobra.
Cuarta opción: los gastos se mantienen, pero han pasado 10 años y las cosas van mal. Los pacientes se quejan y denuncian en los medios de comunicación que cada vez reciben una peor asistencia. Los hospitales sufren un evidente deterioro. Se caen hasta las baldosas de las paredes. Eres el nuevo consejero de Sanidad y decides intervenir. Te reúnes con los 30 gerentes, les echas la bronca y exiges mejoras inmediatas. Te pasa lo que al consejero de la tercera opción y te dicen que con el dinero que les pagas es lo que hay. Te das cuenta de que ha sido mala idea privatizar los hospitales. Cuarta trampa: las empresas tienen beneficios asegurados a costa de un sistema que se deteriora a pasos agigantados. El Gobierno no tiene fórmula de revertir el proceso.
Quinta opción: los gastos aumentan. Han pasado 15 años y eres el nuevo consejero de Sanidad. Los gerentes te piden más dinero. Conoces todo lo que ha pasado en las cuatro primeras opciones. Sospechas que te están exigiendo dinero de más. Que los gastos pueden haber subido un 10 por ciento, pero ellos te piden el 20, el 25 o el 30 por ciento. Da igual. No puedes hacer nada. Las empresas tienen todos los datos y los medios. Se han hecho dueñas del sector. Tu única medida de fuerza es dejar de pagar, pero entonces se te echaría la población encima. Piensas que ojalá pudieras retroceder 20 años y contar con una red de hospitales públicos. Quinta trampa: en el peor de los casos las empresas pueden exprimir libremente al Gobierno hasta llevar al sistema al colapso. Se ha desencadenado una espiral alcista casi imposible de frenar.
Estos escenarios están esquematizados, pero no son de ciencia ficción. La primera opción ha pasado en España, en el Hospital de Alzira, que tenía que ser un modelo y que tardó poco en tener que ser salvado por la Comunidad Valenciana. Y la solución que aplicaron no fue privatizar menos, sino más. Darles la atención primaria y extender el sistema a otras áreas sanitarias. La cuarta es la que pasó en el Reino Unido, donde Margaret Thacher hundió un sistema, el NHS, al que todos admirábamos hace 30 años. Llevan 15 años intentándolo arreglar y aún no han encontrado la fórmula.
Se están creando mil fórmulas de gestión -hospital privado con médicos públicos, hospital privado sin atención primaria, hospital privado con atención primaria…- que lo que hacen es complicar el sistema hasta el infinito y hacerlo inmanejable. Esto debilita el sistema. Si todo el tiempo, expertos y dinero que se gasta en pensar y ponerlos en marcha se hubiera dedicado en diseñar e implantar mejoras de gestión en los hospitales públicos, habríamos avanzado en fortalecer el sistema en lugar de debilitarlo.
La planificación del Gobierno de Aguirre es aún peor. Se ha volcado en una especie de populismo para construir siete nuevos hospitales en la última legislatura y otros cuatro en esta. Éste es un tema delicado que requiere mucha responsabilidad. Porque es muy legítimo que cada ciudad quiera tener un hospital, pero hay que ser conscientes de que estamos en un sistema de recursos limitados y hay que ver dónde se puede y dónde no se puede, y buscar los lugares equidistantes para que todo el mundo tenga un hospital de las dimensiones adecuadas cerca, pero que no se ponga en peligro el conjunto.
La mezcla es muy explosiva. Proyectar 11 hospitales y privatizarlos es desencadenar una espiral alcista en el gasto que luego es muy difícil de detener, porque cuando los hospitales ya son privados has perdido casi todas las herramientas de gestión que tenías a tu alcance para controlarlo.
La responsabilidad de los políticos es gestionar bien los presupuestos con los que cuentan, que son limitados pero dan para mucho, y ofrecer la máxima calidad en la asistencia, que es elevada y aún tiene margen de mejora. Pero con esta política populista, en la que a cada alcalde y cada ciudad se les promete un hospital, se pueden ganar elecciones pero estás destruyendo el sistema sanitario.
Lo que ha hecho el PP en Madrid es pernicioso. Se han pasado años sin gestionar ni planificar bien. Su mala gestión hizo que surgieran problemas y la solución que proponen para resolverlos, según ellos, es construir muchos hospitales y privatizarlos porque así se gestionan mejor. Para convencer a la población utilizan dos o tres argumentos que en apariencia son aceptables. Dicen, por ejemplo, que el hospital sigue siendo público, porque aunque la gestión sea privada la gente podrá seguir recibiendo asistencia gratuita. Dicen también que es mejor que sean privados porque levantar siete hospitales nuevo sale muy caro y, en cambio, colaborar con las empresas permite construirlos e ir pagándolos en 30 o 40 años. Por último aseguran que a largo plazo esto sale más barato por la mejor gestión privada.
El resultado ya lo hemos visto antes. No es cierto que salga más barato, porque lo que haces es comprometer gastos para un montón de años, una especie de deuda oculta que te ata las manos para el futuro y te quita todo margen de maniobra en la gestión de la sanidad pública. El resultado es una espiral alcista que será casi imposible de detener y en la que participan todos. Los partidos políticos empiezan a competir en ver quién promete más hospitales. Los propios ciudadanos y ayuntamientos exigen un hospital en cada municipio. Y las empresas, que se frotan las manos, saben que a medio y largo plazo tienen asegurados unos beneficios que sólo pueden crecer.
El Caso Leganés. Luis Montes con la colaboración de Oriol Güel, cap. XV, pp. 145 a 152. Ed.: Aguilar, Santillana de Ediciones S.L. Madrid. Primera edición, octubre de 2008.
Actualizado 8 nov 09 14:15H Muy recomendable la lectura de este análisis por un español afincado en Estados Unidos: Los intereses creados de la Sanidad en USA (by John)
, que deja Adrián Vogel en los comentarios.
Tomasa de Castro
Desde el envío a juzgados de toda España de la causa contra el franquismo abierta por el juez Garzón, la primera exhumación que se llevó a cabo por orden judicial fue ordenada aquí, en mi pueblo adoptivo. Desde el primer momento llamó la atención el miedo de la gente afectada; los familiares de Benavente (y sólo ellos) pedían a la prensa que no publicasen sus nombres ni ningún otro dato que les pudiera identificar, hecho que a quien no conozca la meseta profunda puede dar una idea del atraso social y político que se manifiesta en las cosas más tristes.
El miércoles nos contaba Esther en Facebook:
Vengo ojiplática… salí a hacer una entrevista sobre una actividad de Cruz Roja y una mujer me acaba de contar cómo mataron a su madre en los últimos días de la guerra y la enterraron en una fosa en el cementerio de Zamora.
Esther es testigo: a micrófono cerrado en este pueblo todas las víctimas del franquismo hablan muy tímidamente del duelo por sus familiares, pero si les preguntan si quieren contarlo en la radio huyen como si les fuera a ocurrir una nueva desgracia. El miedo, miedo a represalias, a que hagan el futuro de tus hijos más difícil, a ser señalado como en los peores tiempos, a ser un paria, les niega tan necesaria catarsis.
Tomasa de Castro es la primera que lo cuenta al mundo; lo cuenta cuando le preguntan otra cosa, lo cuenta con valentía, con nombre y apellidos. Narra la historia por orden, en contexto, con todo el dolor: no se le puede pedir que olvide su dolor. Como dice Esther, Tomasa es una de esas raras y maravillosas personas que saben contar.
A mí me parece un reportaje estupendo y así se lo dije a Esther, pero ella se niega a admitir ningún mérito. Sólo le gustaría que se difundiera por todo el país; por Tomasa, por su familia desperdigada, por la valentía de una persona mayor que es pionera de la dignidad en estos valles, por el hito que podría animar a tantas personas a contar su historia y compartir con sus semejantes un dolor que fue compartido por tantas gentes libres y de bien.
No culpen a nadie por los desastres de la imagen en el vídeo, esos son culpa mía. Esther quería subir el audio a algún servicio de streaming, pero era demasiado pesado, así que sugerí Youtube. Como ella no tenía tiempo para montar un pase de diapositivas me comprometí a hacerlo. La imagen es por tanto una excusa y no debe tratar de entenderse con rigor histórico; digamos en este caso que es una mera ambientación necesaria para el soporte. Emitirán el audio en la SER local el lunes 2 de noviembre.
La autoridad del profesorado
Estos días estamos todos muy preocupados por que los profesores no tenemos autoridad y porque a una especialista en carreras apresuradas de calcetines no la hace nadie ni caso. Vivimos la cosa como si todo el mundo nos abandonara a nuestra suerte: a ver porqué policías, guardiaciviles, militares, jueces y banqueros de alto rango pueden llevar las respectivas bocamancas llenas de adornos y nosotros no.
Así que hoy me propuse imponer un poco de disciplina a esas alimañas carnívoras que pueblan nuestras aulas depredando al profesorado, porque lo que no haga uno por sí está visto que no lo va a hacer nadie. A partir de ahora se van a enterar.
Para eso he impuesto unas sencillas normas que desde ya son de obligado cumplimiento. Con la generosidad que me caracteriza, no están sólo elaboradas para mi comodidad; también para la seguridad de ellos. Aunque se trata de un regalo interesado ya que nadie quiere una denuncia por cosas como mandar a la clase prácticas de macheteado de los cocodrilos que criamos en el estanque del patio, y que se te lleven por delante doce o trece de sus antebrazos. Y total, ya son mayorcitos para ir entendiendo un poco la disciplina, que están en bachillerato. ¡Hombre!
Estas son las nuevas leyes en mis clases:
- Obligatorios el uso de guante si seván a meter los dedo en el enchufes.
- Asomarsen ala ventana sólo de ombligos para rriba. Si la cabeza es gorda, sólo de pezón para rribas. Si es muy gorda, no asomarsen.
- No comersen las pinturas ni las goma de borrarse.
- No dar de comer alos muebles, que engordan y lo ocupan tó.
- Está terminantemente del todo prohibido molestar a los compañeros para decirles que abran tu abrefácil.
- Obligatorios el uso del casco para salir a las pizarra.

Algunas aclaraciones legales a la excepción del aborto en la Ley de Autonomía del Paciente de 2002
Tratando el tema controvertido de la libertad de decisión en chicas menores de dieciséis años ante la disyuntiva del aborto en el blog de Wyoming (columna La familia feliz
), Jacobo Dopico (también conocido en Pezonia como AnteTodoMuchaCalma) afirmaba que esa excepción frente al aborto nunca ha sido contemplada, de manera que el de la nueva ley en su planteamiento sobre el asunto es un debate falso.
Le pregunté si el artículo 9.4 de la Ley de Autonomía del Paciente de 2002 no era entonces un pegote que no se sabía muy bien de dónde venía, ya que no quedaba del todo claro a qué mayoría hacía referencia, a mi entender.
Creo que su respuesta merece divulgación; tanto la prensa que pretende informar (especializada y generalista) como la propia actividad informativa del Ministerio de Igualdad debería prestar más atención a explicar de una forma coherente y ausente de demagogia cosas tan sensibles. Por que además si no se hace, corremos el riesgo de activar un intento que nunca llegó a tener efecto legal. Pego su respuesta:
1. La Ley Gral de Sanidad, vigente hasta 2002, decía: si un menor es maduro (o sea: si entiende el significado de la intervención, sus posibles secuelas y las consecuencias de NO adoptarla), sólo él puede prestar consentimiento a una intervención médica. Esta regla regía para CUALQUIER intervención médica. También para abortos legales.
2.a. La Ley de Autonomía del Paciente (2002) decía lo mismo PERO introducía una extraña excepción: el 9.4, que decía que en materia de Interrupción Voluntaria del Embarazo, la prestación del consentimiento seguiría ”lo establecido con carácter general sobre la mayoría de edad”.
2.b. Parece claro que querían hacer una excepción y obligar a que sólo los padres pudiesen consentir.
2.c. Pero fueron tan burros que no lo hicieron. Se remitieron a OTRA normativa: ”lo establecido con carácter general sobre la mayoría de edad”.
2.d. ”Lo establecido con carácter general sobre la mayoría de edad” está recogido en el art. 162 CC: Los padres representan a los menores SALVO en ”Los actos relativos a derechos de la personalidad u otros que el hijo, de acuerdo con las leyes y con sus condiciones de madurez, pueda realizar por sí mismo”. NADIE duda que el aborto está ahí incluido.
2.e. Cómo hacer un pan como unas tortas: quisieron inventar un régimen especial para el aborto, pero se remitieron al régimen general del Código Civil… que no es tan BESTIA como para permitir que un padre decida sobre el cuerpo de una adolescente.
2.f. Esta es la solución que en EE.UU. rige desde la sentencia Planned Parenthood, y la que rige en el mundo civilizado (la duda es A PARTIR DE CUÁNDO se considera que una menor es una ”mature minor”).
3. ¿Y qué hace el Anteproyecto? Eliminar la mención al aborto del art. 9.4. Eliminar la APARENTE excepción (que no funcionaba como tal).
4. En materia de minoría de edad, el Anteproyecto pretende devolvernos a la situación previa a 2002. Nada nuevo. El art. 9.4 de la Ley de 2002 es un pestiño en el que se ha ciscado TODO DIOS, así que lo elimina. Esto significa que decide la menor si es madura. Si no, deciden los padres. Por encima de 16, siempre la menor.
Y esto es impepinable. Imagínense ustedes la alternativa, si pudiesen decidir los padres:
4.a. ¿Imaginan QUÉ HORROR que un padre pudiese obligar a una menor a abortar contra su voluntad porque había sido violada?
4.b. ¿Imaginan QUÉ HORROR que un padre pudiese obligar a una menor violada a continuar su embarazo, a alterar física, química y anímicamente su cuerpo hasta someterse a un parto o a una cesárea (intervención quirúrgica)?
Son actos de violencia inimaginables en un Estado de Derecho (sólo hay un caso en que los padres podrían someter a la menor madura al aborto, Y ES LA MISMA EXCEPCIÓN QUE EN EL RESTO DE LOS TRATAMIENTOS MÉDICOS: cuando es la única solución para evitar su muerte).
4.c. Como ven, hasta ahora NO SE HA DICHO NI PAMPLONA sobre si los padres deben ser INFORMADOS o no. Sólo se trata QUIÉN DECIDE. Lo que dice la prensa a este respecto es basura.
El derecho de los padres a ser informados ha estado muy mal regulado hasta hoy en todas las leyes. Hay pocos supuestos regulados. Por ejemplo: la ley actual obliga a que los padres del menor maduro sean informados si el tratamiento decidido por el menor es PELIGROSO.
Un padre NO PUEDE ASPIRAR a DECIDIR sobre el cuerpo de la menor. Pero sí puede aspirar a SER INFORMADO sobre extremos muy importantes de la salud física o psíquica de la menor.
Hay abortos y abortos. Así, abortos antes de las 7 semanas suelen ser meramente farmacológicos y aproblemáticos desde casi todo punto de vista: no parece que sea algo que deba ser comunicado al padre. Pero las cosas cambian a partir de ahí. No es irrazonable pretender estar informado de una intervención abortiva sobre la propia hija, AUNQUE SEA ELLA QUIEN DECIDA.
Ocurre, no obstante, que a veces las hijas se pueden ver intimidadas por la comunicación a los padres. HABRÍA QUE INTRODUCIR EN LA LEY LA REGULACIÓN DEL DERECHO A CONOCER DE LOS PADRES, Y CUÁNDO UNA MENOR PUEDE ELUDIRLO. En esos casos, los servicios sociales deberían sustituir a los padres, acompañando a una menor a través de un proceso que puede ser muy duro para ser atravesado a solas.
Pero en Igualdad no quieren ni oír hablar de colaborar con los servicios sociales… porque no se fían de las Comunidades del PP, en especial Madrid y Valencia.
4.d. Da vergüenza oír a gente del PSOE decir ”es que si mi hija decidiese abortar sin consultar conmigo…”: LA LEY NO TRATA ESO, DESINFORMADO. LÉETE EL ANTEPROYECTO DE TU PROPIO PARTIDO, IRRESPONSABLE.
4.e. Da vergüenza oír el trato que la gente del PP ha dado a una cuestión tan delicada. Zapatero metió fetos-bomba en los trenes del 11-M para que mintiesen sobre los trajes de Camps. Esta gente deberá pagar algún día.
4.f. Da vergüenza ver cómo el texto salido de Igualdad no ha pretendido buscar el consenso (QUE SÍ ERA POSIBLE), sino que ha pretendido hacer una Ley-Proclama. Las leyes deben reflejar el sentir social. El sentir social es, más o menos, el que contiene la ley, que técnicamente en este punto está bien. PERO EL TONO GENERAL DE LA EXPOSICIÓN DE MOTIVOS Y DEMÁS ES DE UN ”TRÁGALA”. ”Trágala, Conservador”. Qué falta de responsabilidad política: con eso están metiendo directamente en la batalla electoral una cuestión de capital importancia y enorme delicadeza (abortos de menores). Con esto no se juega, irresponsables. ¿Que el PP iba a hacerlo antes o después? No sé. Pero se lo habéis puesto a huevo. Y desde el punto de vista estratégico, VAN GANANDO (si lo hubieseis planteado bien, no irían ganando). En Igualdad tienen buenos asesores técnicos, pero la dirección política es patética.
5. Por cierto, y para irnos cargando las ideas preconcebidas:
Los conflictos entre padres e hijas en este aspecto son poco conocidos, como todo lo que se esconde tras las paredes del domicilio familiar… pero os sorprendería saber que la mayoría de los casos de los que tienen noticia en los centros médicos, las presiones paternas (incluyendo amenazas, etc.) son ¡PARA QUE LA MENOR ABORTE!
Jacobo DopicoActualizado: También se discute en lo de Rebeca Ruiz (@undivaga): El aborto y las menores explicado para torpes
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Actualización el 28 de octubre: Una reflexión en la Atalaya del Necio surgida a raíz del debate con Jacobo que invita a su lectura: ¿Aborto sí? ¿aborto no? eso lo decido yo
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